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El Tacal Editar

El Tacal
Poblacion Venezolana,
Entidad Localidad
 • País Venezuela
 • Estado Sucre
 • Municipio Sucre
Alcalde David Velasquez
Altitud   
 • Media 5 msnm
Población (2011)   
 • Total 10 000 hab.
Huso horario UTC -4:30
Prefijo telefónico 0293
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El Tacal es una población del Municipio Sucre del estado Sucre en Venezuela. Aprox. con unos 10.000 habitantes, es conocida por sus cercanía a las playas de San Luis al suroeste de Cumaná y por su agricultura.

Historia Editar

El nacimiento de El Tacal como pueblo ocurrió, el día lunes 30 de marzo de 1958, cuando un grupo de cincuenta y tres campesinos, oriundos de Barbacoas (estado Sucre), decidieron invadir una amplia extensión de tierras ociosas (conocidas con el nombre de Fundo “El Tacal”), cuyo propietario era el Sr. Jesús Valentín Seitiffe, un conocido latifundista cumanés.

La invasión de estos terrenos no se hizo de manera arbitraria e irresponsable; de hecho, fue el resultado de una serie de gestiones que no arrojaron los resultados esperados: tierras para poder vivir y trabajar. Inicialmente, el grupo de campesinos había constituido un sindicato de agricultores, con el propósito de cultivar la tierra y garantizarles una vida digna a sus familias. Esta organización gremial (de carácter ilegal), que invocaba consignas por la reivindicación del campesinado, tuvo que pasar por una serie de atropellos propiciados por el régimen perezjimenista que los tildó de comunistas y conspiradores, razón por la cual muchos de sus integrantes tuvieron que huir y vivir en la clandestinidad durante algunos años. No fue sino hasta la caída de este gobierno dictatorial que los campesinos barbacoenses volvieron a reunirse para seguir luchando por un futuro mejor, a propósito del nuevo escenario político y de libertades ciudadanas que se les presentaron en ese momento. Sin embargo, la situación socioeconómica de los campesinos era deplorable: una peste acabó con los cultivos y enfermó la tierra, la miseria caracterizaba las condiciones de vida de la población y las endemias rurales hicieron estragos.

Toda esta situación los llevó a tomar la decisión de constituir una comisión especial que se reuniera con el Sr. Seitiffe y así poder negociar la compra o arrendamiento de un lote de terreno que formaban parte de lo que hoy es la comunidad de El Tacal. El dueño del fundo se negó desde un primer momento, argumentando que como propietario legítimo estaba en el derecho de no vender las tierras, así éstas se encontraran en estado de improductividad.

La negativa del Sr. Seitiffe hizo que recurrieran a varios entes del Estado venezolano para que los ayudaran a conseguir su propósito. En este peregrinar lograron viajar a la ciudad de Caracas y visitar los antiguos Ministerios de Agricultura y Cría, Obras Públicas y Trabajo, respectivamente; pero no encontraron el apoyo esperado. De hecho, un tiempo después, una comisión de campesinos logró entrevistarse con el Almirante Wolfang Larrazábal, Presidente de la Junta de Gobierno, para discutir su situación y la del sector campesino en general. Al respecto, de acuerdo con la versión de Jiménez, 1981:7), la respuesta del Presidente fue la siguiente:

[…] él nos dijo que siendo propiedad privada él no podía dar su apoyo, pero tampoco dejaba de reconocer el derecho de trabajar unas tierras que no estaban produciendo nada. Entonces, se comprometió a conseguirnos un permiso en el Ministerio de Agricultura y Cría si tomábamos la tierra para ponerla a producir y darle vida a un pueblo.

Basándose en este compromiso de palabra que lograron extraer del Presidente Larrazábal, se produjo la invasión o “toma” de El Tacal, fecha que continúa teniendo un alto significado para los fundadores del caserío y sus descendientes, tal como ellos mismos lo expresan: “… para nosotros sigue siendo un día de alegría y entusiasmo. Habíamos empezado una nueva era desde que salimos de Barbacoas. Era canto, chiste, risa, grito. Todo era alegría. Íbamos a empezar una obra que nadie nos detendría” (Jiménez, 1981:8).

Aquel 30 de marzo de 1958, a las 5 am, los cincuenta y tres campesinos, con hachas, picos y machetes empezaron a trabajar la tierra del fundo, caracterizada principalmente por la abundancia de espacios semiáridos (con muchas tunas y cardones) y vegetación boscosa (innumerables árboles frutales y de buena madera), además de la presencia de un caudaloso río que atravesaba gran parte de su extensión. La jornada de ese día fue sumamente laboriosa, pero productiva y gratificante para su protagonistas.

Al día siguiente, una comisión de la Guardia Nacional, acompañada por el Sr. Seitiffe, hizo acto de presencia en El Tacal, donde se les acusó a los campesinos de apropiación ilegal de los terrenos. El encuentro generó acaloradas discusiones entre las partes, razón por la cual un militar que dirigía la mencionada comisión decidió llevarse detenidos a los líderes del movimiento invasor. No obstante, el grupo de campesinos exigió que se los llevaran a todos o a ninguno, apelando a su consigna “vida o muerte; cárcel o trabajo” (Jiménez, 1981:9).

Entonces, por cuestiones de logística, la Guardia Nacional no pudo detener a todas las personas involucradas en la toma de El Tacal, pero fueron citadas para el 1º de abril de 1958 en el comando de este cuerpo de seguridad, ubicado en Cumaná. Allí permanecieron para ser interrogados por el comandante de la unidad. Por petición de los campesinos se citó al Sr. Seitiffe, quien se negó a discutir con los campesinos, alegando problemas de salud. Según Jiménez (1981), testigo clave del episodio, el interrogatorio y la postura del comandante de la Guardia Nacional en todo momento se ejercieron de forma parcializada, en beneficio del latifundista. En este encuentro se les exigió a los campesinos tomistas abandonar El Tacal, de lo contrario, se tomaría acciones legales en su contra. Refiere este mismo autor, que por negarse a hacerlo fueron detenidos hasta el día siguiente, situación que generó escándalo en Cumaná y a nivel nacional. “Desde ese día empezó una guerra a muerte entre el latifundista y nosotros. El tenía las fuerzas represivas del gobierno y nosotros la voluntad de trabajar, una voluntad llena de sacrificios, pero también llena de orgullo” (Jiménez, 1981:9).

A partir de ese momento comenzó un período de incansable lucha por las tierras de El Tacal. El grupo de campesinos logró preparar el terreno y levantar sus chozas, llevarse a sus familias a vivir allí y empezar a sembrar frutas y hortalizas. No obstante, los organismos de seguridad del Estado, en apoyo del Sr. Seitiffe, arremetieron contra el naciente pueblo, destruyendo sus posesiones y generando situaciones de violencia que, en ocasiones, arrojaron consecuencias lamentables.

Al respecto, un testimonio de esta historia, recopilada por Jiménez y Rodríguez (2001:4), señala lo siguiente: “Yo creo que nadie hubiera soportado una prueba tan dura como la que soportamos nosotros: detenciones, muerte, amenaza, hambre, trabajo, lágrimas, sudor, sueño. Es decir, nos cayeron las siete plagas de Egipto, pero tuvimos valor para hacerles frente.” No obstante, por unos meses (hasta finales de 1958) la situación de conflicto se calmó un poco, oportunidad en la que los campesinos trataron de consolidar su pueblo y fortalecer su producción agrícola y ubicarla en los mercados locales.

Posterior a la caída del régimen de Pérez Jiménez, el clima político de Venezuela intentaba ajustarse a la naciente era democrática, por lo que la lucha campesina y la reforma agraria fueron algunos de los puntos de atención de los partidos políticos, con el propósito de difundir a escala nacional que la democracia era un nuevo espacio de oportunidades, libertades y progreso social.

En este orden de ideas, con Rómulo Betancourt en el poder, se efectuó el I Congreso Campesino, con la finalidad de debatir sobre la realidad que vivía este sector productivo y llegar a acuerdos para mejorarlo. En dicho evento participaron alrededor de cinco mil campesinos de todo el país, quienes luchaban por la reivindicación de los trabajadores del campo. En dicho escenario, la delegación de El Tacal presentó una ponencia donde se expuso su experiencia organizativa y de lucha participativa, que fue bien recibida y elogiada por los asistentes, en tal medida que, de acuerdo con lo expresado por Jiménez (1981), se decía en el Congreso Campesino que la reforma agraria había comenzado en este caserío sucrense. Con la notoriedad que obtuvo El Tacal, se logró acceder a cierto apoyo técnico-financiero por parte del Estado, pero con el tiempo la relación con las instituciones públicas no generó los resultados esperados por la comunidad.

Lo importante de este Congreso y de otros que vinieron posteriormente, donde El Tacal siguió participando, es que sentó precedentes para la creación legal de asentamientos campesinos a lo largo y ancho de toda Venezuela, que incluían la construcción de viviendas y sus servicios básicos, como una forma de mejorar la calidad de vida de sus pobladores.

Con base en este nuevo escenario reivindicativo, los habitantes de El Tacal pudieron retomar las discusiones con el Sr. Seitiffe, quien, ante este nuevo escenario de lucha, debía demostrar su titularidad sobre estas tierras, cuestión que no pudo comprobar con exactitud ante las instancias correspondientes. Estas conversaciones con el Sr. Seitiffe arrojaron un forzado acuerdo de compra de 200 hectáreas de terreno (que iban a ser pagadas por quien, para ese momento, era el gobernador del estado Sucre, el Sr. Tejera París) y la donación de 233,5 hectáreas por parte del mismo latifundista, como una forma de compensación al campesinado y en apoyo a la reforma agraria (Jiménez y Rodríguez, 2003).

Obviamente, esta situación les brindaba una nueva esperanza a los habitantes de El Tacal, quienes lograban así justificar el producto de años de lucha y sacrificio. Sin embargo, por diversos manejos legales de los gobiernos regionales y con el fallecimiento del Sr. Seitiffe, en ese momento no se logró el otorgamiento del título de propiedad de las tierras a los campesinos. Hoy en día esta reivindicación todavía no ha sido conquistada, a pesar de las diligencias y continuas gestiones realizadas por los líderes comunitarios de la vieja y reciente generación. Sobre este particular, conviene señalar lo siguiente:

La esperanza de que a nuestra gente les dieran los títulos [de propiedad de las tierras] estaba en las manos de Valentín Seitiffe, pero el tipo se puso duro […] pero casi lo lograron en una época, lo que pasa es que ese señor se murió y luego no se pudo hacer nada […] Fíjate tú que todavía andamos en diligencias y nada. Para eso no hay respuesta… (Esteban, ET-NC-03)7.

Lo importante de esta historia es destacar como el nacimiento de la comunidad de El Tacal estuvo definido por la presencia de adversas situaciones para sus habitantes, pero también estuvo marcada por la génesis de unos valores sociales de amplio arraigo en su población: nos referimos a la participación, unidad, solidaridad, fraternidad y sacrificio de su gente por conseguir sus propósitos colectivos.

Division Politica

El Tacal esta dividido en 5 comunidades las cuales son:

Comunidad El Tacal I

Comunidad Los Bordones

Comunidad La Montañita

Comunidad Tacal II

Comunidad Ezequiel Zamora II

Limites

El Tacal limita al norte con el Mar Caribe, al sur con las Vegas , al oeste con Barbacoas y al este con Cumanà.

Personas destacadas

Juan Pablo Perez Alfonzo

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